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sábado, 6 de diciembre de 2008

“El que nace una vez morirá dos veces, pero el que nace dos veces…morirá una sola vez”.(1ª parte)


Es indudable que si la humanidad ha de salvarse, habrá que hacer pronto algo radical. El hombre sin temor de Dios, está al borde del infierno.
Recién comienza la exigencia de la legalización de matrimonios “homos” (en Chile), cuando en Europa ya se levantan voces de legalización de matrimonios zoofílicos (ser humano y animal), matrimonios pedastras (padre e hija o madre e hijo), matrimonios incestuosos (entre hermanos), usando el mismo argumento: Libertad de libre elección, libertad de los derechos humanos, libre opción, no discriminación, etc.,etc.
Las fuerzas que están hallando concreción en nuestro mundo son tan abrumadoras, que por doquiera el hombre sincero está empezando a clamar desesperado: “¿Qué debo hacer para salvar mi alma?”
En nuestro mundo todo parece mejorar, menos el hombre. En su naturaleza moral esencial, que gobierna sus relaciones con sus semejantes, roba, asesina, miente, engaña y arrebata. Desde el comienzo del tiempo ha permanecido sin cambio. Las noticias periodísticas de cada día y la televisión, nos muestran asesinatos, raptos, brutalidades, estafas, robos y engaños aún de gente que un tiempo antes eran confiables. Esto demuestra que en algún lugar hemos fallado. Bien decía un viejo psicólogo: “Todos los viejos pecados primitivos no están muertos, sino agazapados en los rincones oscuros de nuestros corazones modernos…permanecen allí todavía, y tan horribles como siempre”. (Carl Jung).
El hombre se está viendo obligado a aceptar la realidad del pecado y la necesidad de un nuevo nacimiento. El común denominador de los ancianos, cuando te sientas a conversar con ellos, es que ellos mismos creían y estaban seguros que colaboraban para formar una generación perspicaz y vehemente, para enderezar este mundo desordenado…y capaz de hacerlo… “tanto lo deseábamos, tan tenazmente lo intentábamos, y miren lo que hemos hecho. Del desorden sacamos un desorden mayor. Lo que hace falta es una nueva especie de hombres”.
El nombrado filósofo danés Kierkegaard escribió un libro titulado “La enfermedad mortal”, en el cual escribe: “El hombre ha nacido y vive en pecado. No puede hacer nada por si mismo, sino perjudicarse”.
Estamos empezando a reconocer, tras largos siglos de fútiles esfuerzos religiosos, culturales, morales y educativos, la incapacidad del hombre para cambiar su corazón. El hombre ha trabajado sin resultado para lograr sus metas morales y transformarse por el mejoramiento de su ambiente. Ahora estamos desilusionados y sabemos que, de alguna manera, el cambio debe venir del interior.
Los intentos del hombre por ayudar a los seres humanos a transformarse son diversos, a través de ciencias de la conducta como antropología, la psicología y la sociología, a fin de descubrir las leyes del comportamiento humano. La dificultad de estos experimentos es que no tienen en cuenta el hecho del pecado humano. Según las nuevas ciencias, el pecado es en gran parte “imaginario”. El hombre es producto de su medio ambiente. Es el feliz o desgraciado resultado de una combinación de cromosomas. Según este sentimentalismo seudo científico, un delincuente juvenil es sólo un sub privilegiado y un ladrón es simplemente un inadaptado. En esta filosofía abandonamos la idea del pecado y la responsabilidad personal y culpamos a todo menos ofensor. Por lo tanto, no tenemos nada que remediar, sino el medio ambiente del hombre, su mala vivencia, los tugurios, la pobreza, la desocupación y la discriminación racial, mientras que al primer responsable, el individuo, no se toca para nada ni se transforma. El hombre mismo y su conducta, según esta nueva ciencia, son considerados como el resultado necesario e inevitable de la selección natural.
Luego, está el intento del hombre para transformarse mediante la química. Los hombres de ciencia están empeñados actualmente en el control de la conducta mediante agentes farmacológicos. Estamos al borde de un vasto desarrollo de drogas para el control de la conducta del hombre. Al principio eran empleadas solamente en las enfermedades mentales, luego en muchas más enfermedades, siempre apuntando la posibilidad de que los dictadores del mundo puedan usarlas para dominar a sectores enteros de la sociedad. Son las drogas “que modelan la mente del hombre”, porque “los científicos están descubriendo como manipular las emociones, los pensamientos y la conducta mediante nuevos inventos”. Estas drogas “cambian las mentes, alteran las sensaciones, las percepciones, los estados de ánimo, los deseos, las maneras de pensar y actuar”. Pero estas drogas, a lo sumo proporcionarán sólo cambios transitorios, ya sea para mejorar o para empeorar, según la naturaleza del que las administre, con probable daño permanente para el cerebro.
Ahora bien: La exigencia de Jesucristo es: “Os es necesario nacer otra vez” (Juan 3:7). El nunca habría lanzado semejante desafío si no fuera una posibilidad. Sí, el hombre puede ser transformado, radical y permanentemente, desde adentro hacia fuera. Existe la posibilidad de llegar a ser un hombre o mujer completamente nuevos.
Es interesante que Jesús le hiciera esta declaración a Nicodemo, un recto y devoto dirigente religioso, que debió escucharla con asombro. Si se lo hubiera dicho a Zaqueo, que por medio de engaños y robos se había encaramado en el primer puesto de su mundo comercial, o a la mujer del pozo, que había tenido varios maridos, o al ladrón crucificado, o a la mujer hallada en adulterio, habría sido más fácil entenderlo. Sabemos que esas personas necesitaban una transformación. Pero Jesús se lo dijo a uno de los grandes dirigentes religiosos de su tiempo. Nicodemo ayunaba dos días por semana, pasaba diariamente dos horas orando en el templo, daba el diezmo de todos sus ingresos, enseñaba teología en el seminario. La mayoría de las iglesias se habrían alegrado de contarlo entre sus miembros; pero Jesús le dijo: “Eso no basta. Tienes que nacer otra vez”. Esto implica a lo menos dos cosas: Que todos necesitamos un nuevo nacimiento y también, que todos pueden lograrlo.
¿Qué queremos decir con eso de que uno debe nacer de nuevo, o nacer otra vez?
Para empezar, significa algo tremendamente radical. Lo que somos por naturaleza lo somos debido a lo que éramos al nacer. Al nacer, nuestro sexo está establecido, la misma armazón de nuestro cuerpo está ya determinada. No hay duda de que nuestro temperamento, nuestras capacidades, nuestros hábitos, nuestras inclinaciones, nos son dados todos al nacer, al menos fundamentalmente; de hecho, nuestra misma apariencia. Nacer de nuevo implica al menos un comienzo absolutamente nuevo, no una reforma de la vida, no el volver una nueva hoja, no la adición de algún atributo o aspecto o capacidad, sino algo tan radical que por ello vamos a ser algo totalmente diferente de lo que hemos sido. Desde luego, cualquiera sabe que no podemos nacer la segunda vez físicamente. Por lo tanto aquí se hace referencia a un nacimiento espiritual, un renacimiento no del cuerpo, sino del alma, la mente y el carácter. Además, debemos notar…que este milagro es absoluta y universalmente necesario, si uno ha de ser miembro del reino de Dios. Nadie está exceptuado y nadie puede reemplazar esta tremenda realidad por alguna otra cosa.
Para su vergüenza, y en detrimento de la sociedad, la Iglesia moderna en general, ha abandonado en gran parte este mensaje del nuevo nacimiento. Predica el cambio social, el desarme mundial, el mejoramiento de la legislación, la “prosperidad social y económica”, las “guerras y luchas espirituales”, las “conquistas y toma de posesión de territorios”, etc.; pero no insiste en lo único que puede resolver los problemas de nuestro mundo: La transformación de los hombres. El problema fundamental del hombre es espiritual, no social. El hombre necesita un cambio interior completo.
La Biblia se refiere muchas veces a este nuevo nacimiento que hablaba Jesús. El profeta Ezequiel dijo: “Os daré corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros”(Ezequiel 36:26). En el libro de los Hechos, Pedro lo llama arrepentimiento y conversión. Pablo habla de él en Romanos diciendo “como vivos de entre los muertos” (Romanos 6:13) y en Colosenses lo llama “despojarse del viejo hombre con sus hechos y revestirse del nuevo el cual conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:9, 10). Tito, lo llama “el lavamiento de la regeneración” y también “la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). Pedro decía que era llegar a ser “partícipes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Para Juan era haber “pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).
Así, pues, la Biblia enseña que el hombre puede experimentar un cambio radical, moral y espiritual y ello por obra de Dios mismo. La Biblia enseña que el hombre sin Cristo, está muerto en delitos y pecados y su gran necesidad es la vida. Pero no tiene dentro de sí la semilla de la nueva vida; ésta debe venir de Dios mismo.
Para terminar, déjame ilustrarlo más fácil: Un día una oruga trepa a un árbol, donde la naturaleza la reviste de un vestido de fibras. Allí duerme y pocas semanas después emerge una hermosa mariposa. Así mismo el hombre, angustiado, desalentado, infeliz, acosado por la conciencia, arrastrado por la pasión, dominado por el egoísmo, beligerante, pendenciero, confuso, deprimido, miserable, adicto al alcohol y a los barbitúricos, que busca como escapar…Puede acudir a Cristo por fe y emerger como un hombre nuevo. Parece mentira, y hasta parece imposible y sin embargo, es precisamente lo que Jesús enseña en la Biblia. Recuérdalo, hay que nacer dos veces para morir una sola vez. ¿Y qué es eso de morir dos veces?...veámoslo en la segunda parte de esta nota. Dios te bendiga

lunes, 30 de junio de 2008

lobos con piel de oveja

Lobos con Piel de Ovejacategorias: Columna - Sociedad - Local
Las universidades, colegios y seminarios producen líderes que hacen que la gente se sienta cómoda en su corrupción. Su objetivo principal: que la gente crea que en nuestra cultura todo es bello. Por Nelson Zenteno
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Escrito por Nelson Zenteno
Generalmente las naciones grandes, tanto en Europa como en Norte América, asumen que su cultura y sociedad son las más civilizadas del mundo. Sencillamente eso no es así. Cualquier sociedad que vive en la forma en que viven estos países, está en decadencia. Las altas torres de acero y vidrio que se elevan al cielo, los aviones que cruzan los continentes en horas, la televisión que nos permite ver cualquier cosa que sucede en el mundo en segundos, todo esto puede que nos dé una medida de la alta tecnología, pero no significa nada en cuando a los principios morales de la gente. Cuando la gente vive para complacerse y es egoísta, puede destruir las fibras de su mundo por la avaricia, el mal comportamiento y la autocomplacencia. Una sociedad que estimula toda clase de relaciones promiscuas por placer y luego cubre las consecuencias con millones de abortos mundiales es indecorosa e inhumana. Ni los animales hacen eso. Una sociedad tan permisiva, que admite el acceso fácil a drogas destructivas tales como el licor, tabaco, los alucinógenos y otras sustancias químicas estimulantes, va a la destrucción segura. El producto final de esto son mentes arruinadas, personalidades desequilibradas, comportamientos irresponsables, crimen, violencia. Cada día millones caen presa de la destrucción. Una sociedad cuya meta en la vida es el ocio y el placer no podrá sobrevivir al ataque de culturas más disciplinadas. La conducta común en el gobierno, en la educación, en el deporte, en la religión y en las relaciones sociales es la corrupción, la distorsión de la verdad y el no cumplir compromisos personales. El que engaña a los demás es considerado astuto, listo y sofisticado. El individuo ya no es respetado por su integridad o decencia, sino más bien por su habilidad para “hacer un trato”, aun usando un subterfugio más sutil. Rápidamente el mundo occidental está rechazando las normas morales absolutas que antes se conocían como el sello distintivo de la llamada sociedad cristiana. En cambio, a los jóvenes se les enseña que todo está bien. Que todo está permitido. Que ellos tienen su propia alternativa. Ellos pueden romper la ley y aprovecharse de las personas, siempre que no lo pillen. Lo peor de todo no es hacer mal, sino que lo descubran. No está mal usar a los demás para beneficio propio. Muchos de nuestros líderes emergen de esta cultura corrupta. Es el medio ambiente que ha formado sus mentes y ha condicionado sus pensamientos. Muchos de ellos han sido parte de este proceso y lo aceptan como norma, por lo tanto, el mundo al que ministran no los asombra ni acongoja. Esto explica por qué en tantas áreas de nuestra ciudad y en tanto lugar donde Dios ha puesto cristianos, seculares, sacerdotes, pastores y maestros y hasta políticos que se hacen llamar cristianos, están callados en cuanto a los males sociales. Tienen miedo y no se declaran en contra de aquellos elementos que están destruyendo a nuestra gente. No tienen ninguna convicción profunda de la corrupción que los rodea. No se arriesgan a enfrentar a las fuerzas del mal. Su silencio da aprobación tácita a las influencias malignas y a las filosofías humanas que nos están destruyendo. Estos “cristianos” tienen miedo de que los señalen como excéntricos, puritanos o “profetas del juicio”. Prefieren ser agradables y populares. Cuando reconsideramos la vida de nuestro Señor Jesucristo, nos asombramos y avergonzamos por la posición que Él tomó en su sociedad. Fue muy diferente de sus contemporáneos y afirmó sin temor: ”Yo soy la verdad”. Sí, su vida fue un ejemplo de suma integridad dentro de una cultura de completa corrupción, un sistema mundial contaminado en que hasta un cínico como Pilatos, el gobernador romano, tuvo que preguntar: “¿Qué es la verdad?”. Pilatos nunca se había encontrado con la verdad hasta que la enfrentó cara a cara con Cristo. Sus contemporáneos encontraron muy difícil seguir a Cristo. Las exigencias eran muy altas para aquellos que iban a ser sus discípulos. Él nunca les ofreció una vida fácil, de lujo o de autocomplacencia. Su llamado fue a una vida dura de grandes sacrificios. Él les advirtió a los que querían caminar con Él que había un gran precio que pagar por tal privilegio. El costo significaba tribulación, soledad, vituperio y sus opositores los odiarían. Todo esto es muy distinto a lo que afirman actualmente muchos líderes cristianos. La afirmación de ellos es que la mayor parte de la gente realmente desea ir a Cristo y que es tan fácil unirse a la iglesia como unirse a un club social. ¡Qué mentira! La Iglesia contemporánea no impone a sus adherentes normas rígidas de comportamiento. La mayoría de los líderes no lo hacen por temor a ser llamados legalistas. El concepto actual es que los creyentes deben ser tan afectuosos, tan amorosos y tan dulces que toleren cualquier cosa. La idea de pedirle a un cristiano que se abstenga de prácticas corruptas del mundo actual, ya casi no se ve y es difícil de encontrar aún en la mayoría de las iglesias conservadoras. Casi no hay diferencia entre uno que dice ser creyente y un inconverso. Virtualmente la única diferencia es que el primero va a la Iglesia el domingo mientras el otro se queda en casa durmiendo. Los pastores y sacerdotes están tan interesados en ser populares entre sus miembros, los evangelistas y maestros tan interesados en cobrar por enseñar en auditorios llenos, los músicos y conjuntos “cristianos” tan interesados en ser populares en una sociedad que los acepte, que casi todos, rehúsan predicar contra los males como lo hicieron los profetas del pasado. Viven temerosos de que la sociedad los desprecien y los rechacen, tal como lo hicieron con el Maestro. Pero por otro lado, se esfuerzan por introducirse en la sociedad para ser “uno de los buenos muchachos de antes”, de buena apariencia y maneras, y logrando una armonía feliz con el mundo a su alrededor. Los creyentes primitivos eran totalmente fieles a Cristo, o por lo menos se esforzaban al máximo. Se decía en tiempos antiguos: “La Iglesia nunca fue tan poderosa en el mundo como cuando no tenía nada que ver con el mundo”. La razón es que se distinguían claramente por contraste la una del otro. Los creyentes eran totalmente fieles a Cristo, a pesar de que el mundo los despreció y rechazó. El pueblo de Dios, aunque estaba “en el mundo”, no era del mundo, porque sabía que habitaba en terreno enemigo. Y la última tarea que le asignó el Altísimo fue penetrar esa dimensión, como la luz penetra las tinieblas y la sal penetra a lo que está descompuesto, para reclamar, a enorme costo personal, territorio para Dios. Esto está muy lejos de la forma en que muchos líderes de la Iglesia ven al mundo hoy en día. El enfoque actual es estar de acuerdo con la época en que vivimos, adaptar nuestras actitudes para conformarnos a las corrientes de la sociedad moderna, usar medios y métodos mundanos para cambiar en bien el mal que nos está destruyendo. La palabra lema de nuestra generación es comodidad. Desde sus púlpitos, muchos líderes alimentan a la congregación con leche adulterada, para que los que escuchan no se sientan incómodos. Por temor a ser atacados por la comunidad o por los medios de comunicación, no se atreven a tomar una posición firme por Cristo. Permanecen en silencio aun cuando se pisotea la verdad y se repudia la justicia. No se atreven a ser diferentes. Actualmente, los sociólogos tienen muchísimo que decir en cuanto al comportamiento humano y sus enseñanzas han invadido la sociedad y también la iglesia. Han engañado a las masas a creer que los hombres y las mujeres no son responsables por sus malas acciones. Ellos insisten que los que hacen cosas malas son “víctimas” de padres que no los supieron criar, influencias ambientales adversas o herencia genética. Se dice que las personas están “enfermas”, pero nunca se dice que son pecadoras. Palabras tales como “pecado”, “pecaminoso” y “pecador” casi han llegado a ser arcaicas, excepto entre un pequeño círculo de creyentes que todavía acepta lo que Dios dice de la condición humana. La sociedad considera estas personas como fanáticas, que están al margen de las cosas y no tienen parte en la corriente principal del pensamiento moderno. Todo este concepto de que la gente está “enferma” ha penetrado la idiosincrasia de nuestra decadente sociedad a tal punto que ha afectado hasta nuestro sistema judicial. Hombres y mujeres pueden cometer los crímenes más violentos y consentir en las más infames atrocidades en contra de la sociedad y aún ser exonerados. En base a lo que dice la psicología, se declara inocente a un criminal y no se le hace responsable por su vil comportamiento. Tanto el jurado como los jueces concluyen que se le debe imponer un castigo mínimo. De esta forma el criminal se ríe de la ley y desprecia todo lo que es decente. Luego la gente clama con desaliento: “¿qué anda mal?” “¿dónde está la justicia?” “¿por qué no puede haber ley y orden?” La respuesta es que algunos de nuestros líderes nos han traicionado. La justicia y la verdad ya no son un sello de distinción para las personas, porque los lobos con piel de oveja que ocupan estrados y púlpitos, han propagado principios perniciosos basados en la filosofía humana. Como dice bien claro la palabra de Dios, ellos llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno. Las universidades, colegios y seminarios famosos producen líderes que hacen que la gente se sienta cómoda en su corrupción. Su objetivo principal es lograr que la gente crea que en nuestra cultura todo es bello, cuando en realidad se está volviendo vil. Por todos lados hay gente que quiere que aceptemos la corrupción que hay en el mundo. En la sociedad multicultural en que vivimos se nos ha dicho y enseñado que seamos tolerantes con las creencias y comportamientos de los demás, aun cuando esas creencias y comportamientos nos lleven a la destrucción. Se nos insta a cerrar los ojos al mal y a barrer “las cochinadas” o “libres opciones” debajo de la alfombra llamada “mente amplia contemporánea” mientras nos tambaleamos al borde del precipicio de la anarquía. Toda clase de voces extrañas claman insistiendo en sus libertades civiles. Gritan que tienen derecho de hacer el mal, aunque destruyan la dignidad humana, aniquilen el último vestigio de decencia social y priven a otros de sus derechos. En medio de esta confusión, la conclusión final a la cual hay que arribar es que muchos de estos líderes, hasta algunos que se llaman cristianos, realmente no conocen a Cristo. No tienen relación personal con Él, ni viven bajo su unción. No se someten a su voluntad ni están de acuerdo con las elevadas normas de conducta humana que Él nos ha dado. Por esta razón no ven los grandes males de nuestro día a la luz clara e intensa de la justicia de Dios. No pueden comprender que lo que llevó a la cruz a nuestro Señor fue la corrupción y el pecado del hombre, y que en la cruz Jesús pagó el precio por nuestra maldad. Estos lobos con piel de oveja no entienden su generoso amor redentor que puede limpiar nuestro pasado y guardar nuestro presente. Ellos no predican en contra del pecado como pecado porque no lo ven como un crimen contra Cristo, un mal en contra de otros o una traición a nosotros mismos. Al frente de sus seguidores son ciegos guiando a otros ciegos. _______________________________________________

sábado, 24 de noviembre de 2007

Teoterapia

Teoterapia para Usted: 5 Filosofías de la vida

categorias: Columna - Sociedad - Local

La indiferencia del común de la población hacia Dios y su Palabra escrita es alarmante. La actitud es muy atrevida ó simplemente de indiferencia. Muchas personas obran como si Dios no existiera…

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Escrito por Nelson Zenteno

Difícil negar que estamos en medio de una revolución moral. Por un lado hay un nuevo interés en la religión y las iglesias de cualquier credo, están creciendo en todo el país. Aparecen por todas partes nuevos sistemas de creencias que nos llaman a mayores standars éticos, exigidos por la indignación pública de ver actos egoístas, inmorales e ilegales cometidos por personas en altos cargos de responsabilidad; personas prominentes que se proclaman públicamente seguidores de Jesucristo.

Por otra parte, hoy siguen los derroteros de extrema inmoralidad. Son numerosos los hombres y mujeres que hacen vida común sin haberse casado. En programas de cine, televisión y radio usan cada día un lenguaje más indecente, temas más escabrosos y fotografía más provocativa. Los homosexuales exigen legalizar su modo de vida, más y más hogares se desmoronan, el porcentaje de divorcios va en aumento a pasos acelerados. Muchas escolares van al colegio con dos mochilas y algunos escolares que todavía tienen una dependencia total de sus padres, se arriesgan a tomar ellos el mismo rol, es decir, ser padres también. La violencia y el terror obligan a muchos a vivir temblando, vivir armados y dormir con un solo ojo.- Todos éstos son también signos de una revolución moral.

En un nivel más profundo todavía, la indiferencia del común de la población hacia Dios y su Palabra escrita es alarmante. La actitud es muy atrevida o simplemente de indiferencia. Muchas personas obran como si Dios no existiera. Se comportan como si no hubiera diferencia entre el bien y el mal, hacen o dicen lo que les parece sin tener mucho en cuenta las consecuencias. Hace unos pocos años, si un hombre era sorprendido teniendo amores con un jovencito, por lo menos admitía que estaba haciendo algo malo, hoy muchos ni tan sólo consideran este comportamiento como egoísta o inmoral. Predominan las actitudes libres y despreocupadas, que se extiende por todas las capas de la sociedad, especialmente entre los jóvenes, fomentadas por los astutos y refinados mercaderes de la inmoralidad y el ateismo. La desobediencia a Dios es presentada como aceptable y aún deseable por los que anuncian y publican tanta basura.

Ahora bien, sé que muchos de los que dan rienda suelta a sus deseos e impulsos, se encuentran más cómodos si se da una base “intelectual” para sus actividades egoístas. Por lo tanto, se esfuerzan en presentar a nuestra sociedad un sin número de sistemas de pensamientos, lógicamente compaginados, atractivos, por medio de los cuales la conducta pecaminosa pueda ser racionalizada fácilmente.

Quisiera considerar cinco filosofías de la vida que son muy corrientes hoy y que contribuyen de un modo significativo a la degeneración de nuestra sociedad del siglo XXI Son constituyentes básicos de nuestra revolución moral, porque ofrecen una base racional para el comportamiento que es la esencial desobediencia a las leyes de Dios. Hay muchos puntos de vista seguidos hoy en día, pero los cinco más populares son:

1º.- Religiones Falsas Y Por Doquier: Durante los últimos años han aparecido una hueste de nuevos movimientos religiosos en escena. Los más populares especialmente entre los estudiantes y adultos jóvenes, tienen su origen en el Oriente. Junto con los nuevos cultos pseudo-cristianos, ofrecen a sus seguidores una experiencia mística que les da la apariencia de ser sobrenatural y parece dirigirles a una vida más llena de significado.-Estoy seguro que habrá visto alguno de sus devotos: gurus barbudos que le miran con ojos soñadores y satisfechos,jóvenes con la cabeza afeitada en los terminales cantando el nombre de algún dios hindú. Otros jóvenes y señoritas en las esquinas de las calles de mucho tráfico, esperando que les compren flores de papel, artesanías en alambre y así haga usted un donativo a su causa.

Sí mi amigo, muchas voces extrañas se oyen a través del país hoy y están conduciendo a los que le siguen al error. Hay varias características comunes a estos cultos que contradicen la Palabra de Dios. Todos por ejemplo niegan la existencia del Dios personal y trino de la Biblia. Rehúsan el conocimiento de la divinidad de Jesucristo y el ministerio del Espíritu Santo. Fomentan lo que llaman “la experiencia religiosa” que es en realidad completamente mística y subjetiva en su naturaleza. Sus oraciones, en muchos casos, son en realidad una forma elaborada de meditación, no un acercamiento genuino a Dios y al cielo.

La vida después de la muerte en el sentido que las escrituras enseñan, es desconocida para ellos. Más bien interpretan la experiencia humana aquí y ahora, como conduciendo a una reencarnación, a la unión con un “todo final” o una existencia fantasmal en algún estado no material. La realidad del pecado es minimizada y sus consecuencias pasadas de largo. Algunos incluso, bajo la bandera de la religión, permiten la peor clase de inmoralidad. Estos guías descarriados, sea por la sutileza de sus falsas enseñanzas o por su invitación descarada a prácticas pecaminosas, están contribuyendo al decaimiento moral de nuestra sociedad.

Las religiones falsas de este tipo pueden ser todavía más peligrosas que un franco agnosticismo o ateismo, porque son como un anestésico. A causa de su aura “sobrenatural”, sus seguidores son mantenidos en un sentimiento confortable de seguridad espiritual.- Sus seguidores razonan: “Después de todo soy una persona religiosa, creo en dios y lo que hago es por completo consecuente con mis sinceras convicciones”, pero, como están obrando en contradicción a Dios y a su Palabra, están en un error. Las religiones falsas, por tanto, son especialmente peligrosas. Dan una sensación de seguridad y en realidad fomentan la vida de inmoralidad. Producen lo que se llama una anestesia espiritual y fomentan el pecado refinado. A la vista de Dios, sin embargo, las iniquidades de los seguidores de estos cultos son tan reprensibles como cualquier otra clase de pecado.

2º.- Nuevo Hedonismo: En realidad es el viejo, vestido al estilo moderno y popular. Las premisas básicas siguen siendo la vieja teoría “comamos, bebamos y divirtámonos que mañana moriremos”. En Chile lo decimos más o menos así: “después de esta vida no hay otra compadrito” ó “lo comido y lo bailado no lo quita nadie”. Es en realidad una forma de filosofía existencial, usada como base para un comportamiento inmoral. Sus seguidores sostienen que buscan la manera de dar “autenticidad” a su existencia, sea por medio de drogas, alcohol, prácticas sexuales ilícitas o actos de violencia. Dicen que no importa mucho lo que uno hace, o aunque le perjudique a uno y a los demás, con tal que encuentre alguna manera de dar “identidad” y significado a su vida. Como puede verse claramente, esta filosofía conduce a actos egocéntricos, orientados al placer y por lo tanto impíos. Su amo es la carne ó cuerpo; y en la medida que le sirven, este amo está cada vez más descontento. Pide más y más. El comportamiento va degradándose y acaban en la ruina moral y física.

3º.- Utilitarismo: Su máxima básica es: “Haz lo que quieras, si puede proporcionar el mayor bien al mayor número posible”. En general, las personas que viven según este principio, son gente que todo el mundo llamaría respetable. Pero, cuando se analiza esta filosofía cuidadosamente, se ve que el concepto “el mayor bien para el mayor número posible de personas” es deficiente. Deja sin contestar una pregunta capital: ¿Quién decide lo que es mejor? ó ¿Qué es el mayor bien?. Sin criterios objetivos no se puede decidir lo que es mejor.

Un utilitarista, por ejemplo puede decidir que el mayor bien para la sociedad es librarse de las personas decrépitas y de los retrasados mentales y por lo tanto eliminarlos. Otro, usando el mismo criterio podría decidir sojuzgar a ciertos grupos étnicos minoritarios (y se ha intentado).

Un joven que ve a su padre abusivo, borracho y cruel maltratar a su madre y a sus hermanas, puede decidir que sería mejor sacarlo de en medio y matarlo en consecuencia. Este punto de vista en la vida es inaceptable y de hecho muy peligroso. Recordemos el gran holocausto judío. Puede ser arbitrario e imposible. En una mente torcida puede dar lugar a una espantosa tiranía. Debe ser rechazado como contrario a la Palabra de Dios.

4º.- Determinismo: Este punto de vista es una aplicación de las premisas básicas del evolucionismo naturista. Dice que el ser humano es simplemente un producto natural resultado necesario de sucesos anteriores y que todo lo que hace está determinado por esas ocurrencias anteriores, como si fuera programado. Insiste que nadie puede escoger sus propias acciones. Simplemente se limita a poner en acción el papel que le ha sido preparado por el proceso evolutivo. Como resultado, el que lo adopta no se siente responsable directamente por sus propias acciones.

Estoy seguro que se pueden ver fácilmente los problemas de este punto de vista. Hace del ser humano un autómata, que está ejecutando simplemente su destino, como un robot. Quita entonces toda responsabilidad moral. Si la gente determinista está convencida de que la estructura genética o la historia previa ó la suerte les hace lo que son, entonces no se podrán sentir responsables por lo que hacen. Tampoco tratarán de cambiar bajo la excusa de “así soy yo” ó “es mi vida”. Se excusarán de toda culpa personal y no buscarán incentivo para restringir o mejorar su conducta. En consecuencia, el efecto de esta filosofía sobre la sociedad es devastador. Conduce a penas ligeras en los tribunales (la puerta giratoria), y puntos de vista super tolerantes en la conducta criminal y una actitud general de excesiva indulgencia. Abre la puerta a todo relajamiento de las leyes morales y minimiza todo comportamiento antisocial.

En oposición a esto, la Biblia enseña que el hombre tiene voluntad. Afirma claramente que el ser humano está delante de Dios con libre albedrío y que puede hacer sus decisiones morales él mismo. Enseña que es responsable por lo que hace y que un día tendrá que presentarse ante el tribunal de un Dios Santo y responder de sus actos.- El punto de vista presentado por el determinista debe ser rechazado porque es desmoralizador y contribuye a la degeneración de la sociedad.

5º.- Etica Situacional: Los que defienden esta pauta de vida sostienen que todas las cuestiones morales deben ser decididas independientemente y según el principio del amor. Para expresarlo de otra forma, la situación particular en que uno se encuentra decide si algo es bueno o malo, sin importar el criterio de la Biblia. Algunos delitos o males como el robo, la mentira, el adulterio, pasiones de sexo desordenadas y aún el homicidio pueden no sólo ser permisibles en un caso dado, sino la acción adecuada, dadas las circunstancias.

os proponentes de la ética situacional, por ejemplo, pueden decir que están de acuerdo que la fidelidad marital está bien 999 veces de 1000. Pero sostienen que puede darse el caso en que la infidelidad es el mejor curso de acción y el que muestra más amor. Por ejemplo una esposa muy avejentada, enferma o estéril, sería una buena candidata para que se le busque reemplazante. Amigos, por más que esto pueda parecer “una muestra de amor a algunos...! Está mal¡ Es una violación flagrante a la ley de Dios. El adulterio es pecaminoso el 100% de los casos. Cuando analizamos la ética situacional, pronto nos damos cuenta de que este punto de vista está en serio error. Primero, no cabe en él la pecaminosidad humana. Como el hombre es una criatura caída e inclinada al mal, no hay manera de predecir lo que puede hacer en el nombre del amor. De los casi 50 casos de hombres que han asesinado a su pareja, la mitad ha declarado arrepentido que la mató porque “la amaba demasiado”. Además este punto de vista coloca una carga excesiva sobre las emociones humanas. Los sentimientos son engañosos. Lo que uno puede llamar amor, puede ser en realidad egoísmo. El joven por ejemplo que dice a su novia “Si me amas como dices, déjame hacer lo que yo quiero”, está tratando en realidad de satisfacer sus lujurias y no tiene el mínimo amor por ella.

Por último, la ética situacional no es escritural. Le falta totalmente el apoyo bíblico. Es una filosofía compaginada por el hombre y éstos puntos de vista como norma de conducta suelen ser peligrosos. El ser humano está en la necesidad desesperada de directrices claras y definitivas para su conducta. Siendo todos pecadores, no podemos decidir por nosotros mismos lo que es bueno o malo. Necesitamos la revelación de la Palabra de Dios, cuyo principio nos dice como tenemos que vivir, lo que es bueno, lo que es malo, y en que dirección debemos orientar nuestras vidas.

Es probable que algunos ya estén argumentando que la Biblia no es la palabra de Dios, es también probable que otros digan que no existe Dios, pero el agnóstico y el ateo encuentran en la propia palabra su merecido: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien.” (Salmo 14 vers.1).


Miércoles 07 de Noviembre 2007