miércoles, 31 de agosto de 2016

Dos Clases de Personas


En la vida hay dos clases e personas….a cuál perteneces?

Los que pasan la vida soñando y los que dan vida a sus sueños.
Los que sueñan con logros y los que logran sus sueños.
Los que siguen las huellas y los que las dejaron.
Los que ven para poder creer y los que creen antes de ver.
Los que te pisan al subir y los que suben a ayudar.
Los que te dan confianza y los que te la quitan.
Los que dan sin pedir a cambio y los que te piden el cambio.
Los que escogen una de dos y los que toman las dos.
Los que se asoman por la ventana y los que se salen por ella.
Los que nacen, se reproducen y mueren y los que nacen, producen y nunca mueren.
Enviado por Fabio Donado
Están en la vida los que siguen el camino y terminan perdiéndose y los que abren el camino y porque han decidido seguir a Jesús quien es el verdadero camino. A estos últimos nada ni nadie, los hace retroceder. Decide hoy los del segundo grupo y verás un cambio total en tu vida.
Dios bendice a quienes no siguen malos consejos ni andan en malas compañías ni se juntan con los que se burlan de Dios.

Dios bendice a quienes aman su palabra y alegres la estudian día y noche.

Son como árboles sembrados junto a los arroyos: llegado el momento, dan mucho fruto y no se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hacen les sale bien!

Con los malvados no pasa lo mismo; ¡son como el polvo que se lleva el viento!


Cuando sean juzgados, nada los salvará; ¡esos pecadores no tendrán parte en la reunión de los buenos! En verdad, Dios cuida a los buenos,

pero los malvados se encaminan al fracaso. Salmo 1

lunes, 14 de marzo de 2016

DOS CLASES DE PERSONAS.


Definitivo, como todo lo que es simple. Nuestro dolor no viene de las cosas vividas, sino de las cosas que fueron soñadas y que no se cumplieron.

¿Por qué sufrimos tanto por amor? Lo correcto sería que la gente no sufra, apenas agradecer por haber conocido una persona tan linda, que generó en nosotros un sentimiento intenso y que nos hizo compañía por un tiempo razonable, un tiempo feliz.

¿Por qué sufrimos?

Porque automáticamente olvidamos lo que fue disfrutado y comenzamos a sufrir por nuestras proyecciones irrealizadas, por todas las ciudades que nos hubiera gustado conocer al lado de nuestro amor, y no conocimos, por todos los hijos que nos hubiera gustado tener juntos y no tuvimos, por todos los espectáculos, libros y silencios que nos hubiera gustado de haber compartido y no compartimos. Por todos los besos cancelados, por la eternidad.

Sufrimos, no porque nuestro trabajo es desgastante y paga poco, sino por todas las horas libres que dejamos de tener para ir al cine, para conversar con un amigo, para nadar, para enamorar.

Sufrimos, no porque nuestra madre es impaciente con nosotros, sino por todos los momentos en que podríamos estar confidenciando con ella, nuestras más profundas angustias y ella estuviese interesada en comprendernos.

Sufrimos, no porque nuestro equipo perdió, sino por la euforia perdida.

Sufrimos no porque envejecemos, sino porque el futuro nos está siendo confiscado, impidiendo así que mil aventuras nos sucedan, todas aquellas con las cuales soñamos y nunca llegamos a tener.

¿Cómo aliviar el dolor de lo que no fue vivido?

La respuesta es simple como un verso:

Cada día que vivo, me convenzo más de que el desperdicio de la vida está en el amor que no damos, en las fuerzas que no usamos, en la prudencia egoísta que nada arriesga, y que, esquivándose del sufrimiento, hace perder también la felicidad.

El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional.
Carlos Drummond de Andrade


El autor de la reflexión de hoy hace una genuina introspección a la dinámica del dolor y el sufrimiento resultante. El concluye que el problema nuestro no es tanto el dolor que las circunstancias nos
provocan, sino más bien el impacto que estas circunstancias tienen sobre nuestros planes y sueños... lo cual no sólo tiene lógica sino que vierte mucha luz sobre la manera en que reaccionamos a la adversidad. Esto nos debiera llevar más bien a desarrollar una actitud de contentamiento para con Dios y con la vida que Él nos ha permitido vivir.

Sí, vivamos intensamente cada día y sepamos agradecerle al Señor por cada bendición disfrutada, aún cuando sea de corta duración. Hagámoslo y permitamos que sea Él quien llene nuestros corazones de santa expectativa para nuestros mañanas.